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Oración que da paso a la Esperanza

Crónica del Vía Crucis 2021

Redacción: Luis Miguel González Pérez

Fotografía: Manuel Molina Bolaños y Marco A. Sánchez Nova.

Muchos son los que han recibido su llamada y que, como yo, han dirigido sus pasos hacia nuestra Concatedral, para encontrase con Él, buscando ayuda y consuelo que mitigue el mal que nos amenaza

Viernes Santo en Mérida. La noche va cayendo sobre la ciudad y al igual que lo hacía cuando estos hechos sucedieron, la luna llena de Pascua ilumina la arena del Anfiteatro Romano. Pero hoy, su foso no acoge la gran cruz formada por los 111 candeleros, cuya luz también ilumina el cielo de emeritense. Tampoco se escucha el ronco sonido del tambor que anuncia la llegada de la imagen del Santísimo Cristo de la O, ni el rachear de los pies de sus portadores.

Una suave brisa hace llegar hasta este recinto, el tenue aroma del azahar de los naranjos que están floreciendo alrededor de la Concatedral de Santa María, y hacia allí encamino mis pasos, con la esperanza de encontrar el porqué de esta ausencia. En mi caminar, mi mirada se detiene en los majestuosos edificios que formaron parte del Foro de la ciudad, y sobre los que en esta noche, no se proyectará la sombra del Crucificado.

Cuando llego a la plaza, encuentro las puertas del templo de Santa María abiertas, invitando a todos a acceder a su interior, en donde el aroma de azahar da paso al olor a incienso. Todo está en penumbra, pero en el centro de su altar mayor, se erige la imagen del Cristo de la O, que desde el trono de su Cruz, acoge a todo aquel que busca su protección. Muchos son los que han recibido su llamada y que, como yo, han dirigido sus pasos hacia nuestra Concatedral, para encontrase con Él, buscando ayuda y consuelo que mitigue el mal que nos amenaza.

En respetuoso silencio, todos los allí congregados buscan con su mirada los ojos entreabiertos de Cristo, como queriéndole transmitir un deseo de agradecimiento antes de que espire. Todos estamos allí para aliviar su soledad en el momento de su generosa entrega, y para rememorar, junto a su imagen, sus últimos momentos entre nosotros.

Las voces de la Capilla Gregoriana rompen el silencio de la noche y con sus cánticos invitan a todos los presentes a entrar en un dialogo íntimo con Cristo, a través de las estaciones de este Vía Crucis, que lentamente va desgranando el Sacerdote. Los miembros de la Junta de Cofradías dan lectura a cada uno de los fragmentos bíblicos que narran la Pasión de Cristo y cada estación suscita una reflexión manifestada por personas que han estado y están dando lo mejor de ellos mismos en la lucha contra la pandemia que nos asola, reconociendo que somos frágiles, que necesitamos que Dios proteja y ayude a quienes desde su tarea ayudan a combatir las consecuencias de esta enfermedad, a quienes tratan de encontrar remedio a tanto dolor, a quienes dan consuelo a los que la sufren y pidiendo que Dios acoja en el cielo a cuantos nos han dejado desde la más absoluta soledad.

Después de cada estación, los cánticos gregorianos propiciaban nuevos momentos de encuentro, en los que nuestra mirada se dirige hacia la imagen del Santísimo Cristo de la O, para que cada uno de nosotros pudiera hacerle llegar nuestras propias reflexiones. Y Él, con sus brazos extendidos sobre la Cruz, abiertos entre la tierra y el cielo, acogía todas ellas en su corazón, para hacerlas suyas.

Concluido el Vía Crucis, marchamos en silencio para nuestros hogares, fortalecidos con la ayuda que Jesús nos brinda, confiados y esperanzados en que con su pronta Resurrección, encontraremos consuelo ante tanto dolor y fortaleza para superar esta adversidad.

Y al regresar a nuestras casas, se nos escapa un nuevo deseo: que el próximo Viernes Santo podamos volver a reunirnos, todos, alrededor del Santísimo Cristo de la O, en nuestro Anfiteatro Romano, cuya arena sigue iluminando la luna llena de Pascua.

Galería de Imágenes: Manuel Molina Bolaños y Marco A. Sánchez Nova.

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