La Cruz grabada a fuego por Álvaro Carmona en Mérida

Y pasó el pregón, fue un suspiro poético que emocionó al público asistente. La calidad del texto y la exaltación de Alvaro Carmona hicieron vibrar los cimientos romanos del Centro Cultural Alcazaba que se estremeció al invocar a Eulalia, la Mártir emeritense, buscándola como respuesta de que Dios nunca se va.

El pregonero nos adentró en nuestra Semana Santa con brío, seguro sobre las tablas y consciente de que Mérida merecía un pregón de altura. Así, nos dejó cautivados en los besos que cada viernes le damos al cautivo, en la blancura de la Paz tras el rojo y negro del Prendimiento, en el nacimiento de la Amargura, tras los flagelos de la púrpura, el Calvario y Santo Entierro. Nos subió en el tren de la Esperanza Ferroviaria y nos depositó en brazos de las Angustias. Y buscó las perseidas para señalar el camino del Cristo Caído y su cirineo, para veracruzar el cielo con cuerdas de Ave María.

E hizo prosa, e hizo verso para proclamar a los cuatro vientos como buscamos la mirada del Nazareno para que sea la Pasión de verlo arriba en el cielo. Y navegó entre la palabra para mostrarnos al Patrocinio dando vida al Dios de la madera que en San Juan es Humildad en la noche del Martes Santo llevándonos, de la mano de Cristo, del centro a la periferia. Y grabó la cruz de Cristo, por siempre en el nombre de Mérida desde donde, cada Viernes Santo, se proyecta «La cruz que ilumina el mundo». Un regalo para la ciudad que siempre estará en deuda con un Alvaro Carmona que lo dió todo para que, en dos semanas, se inicie la Semana Santa.

La palabra fue verso y la música, brillante de la JOCME, hicieron que el primer gran acto cofrade de la Semana Santa de Mérida brillara con luz propia y la emoción del pregonero. Ya llegó a Mérida, un año más, su Semana Santa.

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