Lágrimas con olor a romero

CRÓNICA MIÉRCOLES SANTO 2018
NAZARENO
Fecha:
28 de marzo de 2018
Redactor:
Mario Hernández Maquirriaín
Fotografías:
Manuel Molina Bolaños
José Luis Garrido
Luis Zama Álvarez

“Es nuestro Nazareno…” se decían, mientras sobre sus mejillas corrían lágrimas de recuerdo, de los años pasados junto a Él, repitiendo cada año la misma estampa.“

El olor a romero inundaba las inmediaciones de la Basílica de Santa Eulalia donde se agolpaban cientos de personas deseando vivir, en primera persona, uno de los momentos más esperados de la Semana Santa de Mérida: la salida del Nazareno.

Porque es así, porque tiene ese poder de convocatoria, porque tiene esa mirada que te atrapa de manera seductora, esa mirada de dolor y perdón, de humildad y misericordia. Ojos llorosos en las caras de los abuelos que, mientras, agarraban las manos de sus nietos “Es nuestro Nazareno…” se decían, mientras sobre sus mejillas corrían lágrimas de recuerdo, de los años pasados junto a Él, repitiendo cada año la misma estampa.

Alzado sobre las manos de sus portadores, el Nazareno que camina sobre un monte de romero, al igual que caminó sobre las aguas, se plantó en la calle. Aplausos ensordecedores rompían el silencio con el que, el paso, se fue acercando a la puerta del atrio. Tras Él, sus penitentes, un ciento de promesas guardadas bajo azulados cubrerrostros y lágrimas, muchas lágrimas.

Miércoles Santo 2018. Cofradía del Nazareno
Fotografía: Luis Zama Álvarez

Avanzaba el Nazareno por la Avenida de Extremadura y su madre, la del Mayor Dolor, comenzaba su camino de Amargura hacia la Puerta de la Villa, para encontrarse con Él, con el Hijo del Padre, al que “como cordero lo llevan al matadero”.

La Puerta de la Villa se queda pequeña para presenciar el momento. Estampas de siempre que se renuevan cada año. Silencio, expectación, ante la inminente llegada del Nazareno. La Virgen, comienza a caminar poco a poco al presentir su presencia para, poco a poco, fundirse en ese abrazo imaginario propiciado por el esfuerzo de portadores y costaleros mientras suenan los acordes de la Marcha Real. El silencio se rompe, comienza Joaquín Mateos con la primera de las saetas, desgarradora como el dolor de la Virgen del Mayor Dolor.

Rosario Abelaira, ese rosario de coplas que borda la saeta con tronío y saber estar, permanece callada hasta que la Banda de Corte de Peleas comienza a interpretar “Caridad del Guadalquivir” a la que ella pone la voz sustituyendo el río hispalense por el que surca, desde hace más de 2000 años, bajo nuestro Puente Romano.

Miércoles Santo 2018. Cofradía del Nazareno
Fotografía: Jose Luis Garrido

Noche de sorpresas, la cofradía avanza buscando la Carrera Oficial. Al entrar en la Plaza, el Nazareno se desvía, en silencio, hasta la puerta el Ayuntamiento mientras, por frente, aparece el Cristo de las Tres Caídas. Son las cosas estas que solo te da la Semana Santa, un encuentro entre hermandades que comparten recorrido y vivencias. La historia en su día les unió y, ese afluente de la Cofradía de los Castillos que es la Cofradía de las Tres Caídas, volvió  a surcar su río.

Avanzaba la noche, la Coral, el Arco de Trajano y allí precisamente, la casualidad quiso que la Virgen del Mayor Dolor se encontrara con la Virgen de la Misericordia ¿Qué se dirían? Diálogo mudo que quedará en el corazón de cuantos lo presenciaron mientras, en el Parador, sonaban, remasterizadas, las sevillanas al Nazareno por Joaquín Mateos.

Larga noche de emociones que culminó con la tradicional entrada del Nazareno detrás de sus penitentes, momentos apoteósicos de una noche única en la que las lágrimas y los recuerdos, revolotearon por la Basílica de Santa Eulalia, embriagados por el romero.

Galería Fotográfica:

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