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Septenario a la Virgen de los Dolores. Quinto día

QUINTO DOLOR: La Virgen María al pie de la cruz.

HIMNO: Ay dolor, dolor, dolor.

¡Ay dolor, dolor, dolor, por mi hijo y mi Señor!
Yo soy aquella María del linaje de David:
¡Oíd, hermano, oíd la gran desventura mía!
A mí me dijo Gabriel que el Señor era conmigo,
y me dejó sin abrigo más amarga que la hiel.
Díjome que era bendita entre todas las nacidas,
y soy de las doloridas la más triste y afligida.
Decid, hombres que corréis por la vía mundanal,
decidme si visto habéis igual dolor que mi mal.
Y vosotras que tenéis padres, hijos y maridos,
ayudadme con mis gemidos, si es que mejor no podéis.
Llore conmigo la gente, alegres y atribulados,
por lavar cuyos pecados mataron al Inocente.
¡Mataron a mi Señor, mi redentor verdadero!
¡Dolida!, ¿cómo no muero con tan extremo dolor?
Señora, santa María, déjame llorar contigo,
pues muere Dios y mi amigo, y muerta esta mi alegría.
Y, pues os quedan sin Hijo, dejadme ser hijo vuestro.
¡Tendréis mucho más que amar, aunque os amen mucho menos! Amén.

Del Santo Evangelio según San Juan (19, 25-27)Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

Palabra del Señor.

INTENCIÓN PARA TODOS LOS DÍAS:

Unidos como hermanos, pidamos al Señor y a la Santísima Virgen de los Dolores:

  • Por todos los enfermos, de un modo especial por todos los afectados por el coronavirus o por enfermedades graves.
  • Por los sanitarios y por todas las personas que, en estos días de crisis, se exponen para servir al bien de todos.
  • Por todos los difuntos.
  • Por los familiares de los enfermos y de los difuntos.
  • Por toda la humanidad.

Pedimos salud para los enfermos, la vida eterna para los difuntos, esperanza y fortaleza a todos los que sirven al bien de los demás, así como a los familiares de unos y otros.

Para todos, pedimos que cese esta pandemia.

ORACIÓN FINAL.

En el misterio del tiempo
a ti, Madre, me he acercado
a preguntar filialmente
qué pasó en ti el Viernes Santo.

Hijo querido del alma
las tinieblas me abrazaron
por un momento mi vida
como en un místico ocaso.

Yo no puedo descubrirte
este silencio sagrado,
este misterio de muerte
y qué muerte, en un cadalso.

No estaba mi cuerpo en tierra,
era a la cruz abrazado,
como una hiedra materna
que abrazaba al árbol santo.

Quise secarle la sangre,
no pude sacar sus clavos,
los hombres le dieron fuerte
al martillo del pecado;
vi cómo entraba la muerte
por la lanza en el costado
y me bajé de la Cruz
con mi hijo entre mis brazos
y así se lo llevó el Padre
de mis temblorosas manos.

¡Oh!, qué diferente cuna
cuando nació en mi regazo.
Padre, vivo me lo diste,
hoy muerto te lo he entregado;
y una sombra, como un bosque
de cipreses apretados,
me vendó mi corazón
hasta que lo sepultaron.

Y después, Hijo del alma.
todo fue paz, luz y canto. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Bendigamos al Señor

Demos gracias a Dios

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