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Intimidad

Crónica del Viernes Santo 2021

Redacción: Mario Hernández Maquirriaín

Fotografía: Antonio Moreno Barriga, Manuel Molina Bolaños, Marco A. Sánchez Nova y Raúl Flores Hernández.

¿Quién dijo que no había Semana Santa? ¿ Quién se atrevió a decir que los cofrades no íbamos a vivir y sentir la Pasión con todas sus letras?

¿Quién dijo que no había Semana Santa? ¿ Quién se atrevió a decir que los cofrades no íbamos a vivir y sentir la Pasión con todas sus letras? Qué pena de ignorancia. Lástima el no entender que, en Mérida, el Viernes Santo siempre mira al cielo y, si no sale a la calle, la calle va en su búsqueda, como así ha sido.

Recuperando tópicos, que suelen ser típicos, las nubes y el viento han marcado la mañana en la que los Ferroviarios han buscado la calle, eso sí sin pasos.

Por ello, el Humilladero de Santa Eulalia se convertía en testigo de las oraciones que, un Viernes Santo más, lanzaban al aire portadores, costaleros y costaleras. Oraciones sentidas que marcaron una mañana desapacible, como cualquier Viernes Santo, y que apelaban a la esperanza desde el sentimiento de angustia por todo lo que está pasando; por los que quedaron en el camino de esta pesadilla de la que, agarrados a la Fe, despertaremos.

La melodía, en este día triste y plomizo, la puso Alejandro Manzano con su violín. Todo un descubrimiento en esta atípica Semana Santa de la que, sin duda, todos hemos aprendido.

La Virgen de las Angustias, en este Viernes Santo, estuvo más cerca de los fieles que nunca. Pudimos contemplar el dolor de una madre en toda su expresión. Dolor ante esa muerte, tranquila y serena, de Cristo, frente a la Esperanza de que, en tres días, todo cobrará sentido.

Mientras, la campana del Calvario toca a duelo por la muerte de Cristo. Su entierro ha sido como el de tantos a lo largo del último año, restringido, aforado y manteniendo la distancia de seguridad.

Lo enterramos en la intimidad, en silencio, sin poder rodearse de todos los suyos. La Parroquia de Cristo Rey se convirtió en el epicentro del Viernes Santo. Hasta allí se trasladaron los estandartes de las hermandades formando un bello tapiz tras la urna de plata del Cristo del Calvario. Esos estandartes que representan a todos los cofrades de Mérida, testimoniaban su presencia en ese íntimo acto.

La Virgen de los Dolores, majestuosa en su paso de Palio, presidía la escena frente al altar, colocándose la última de todos los fieles. Ella, que siempre se mantuvo fiel a los pies de la Cruz, cedió su espacio para, como buena madre, abrazar a sus hijos ante Cristo Yacente.

Día de silencio, dia de duelo, un Viernes Santo más que pudimos vivir, como hermanos, acompañando a la Cofradía del Calvario escribiendo el epílogo de una Semana Santa que quedará marcada a fuego en nuestra memoria.

Galería de Imágenes: Antonio Moreno Barriga, Manuel Molina Bolaños, Marco A. Sánchez Nova y Raúl Flores Hernández.

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