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Como si no pasara el tiempo

Crónica del Jueves Santo 2022. Castillos

Redacción: Mario Hernández Maquirriaín

Fotografías: Luis Gallardo Ruiz

La Cofradía buscaba un punto mágico en su recorrido, ese Arco de Trajano desde el que la Cruz, en Mérida, se alza erguida, cobrando más si cabe, todo el sentido de su mensaje.

El Jueves Santo se torna señorial con la Cofradía de los Castillos. No es para menos con una cofradía por la que parece que nunca pasa el tiempo. Y pasa, vaya si pasa. Nada más ponerse esa cruz de madera y plata repujada para retrotraerse a viejos Jueves Santos, de esos en los que la niñez se asombraba ante la dulce cara, serena, del Cristo de los Remedios.

A los sones de la OJE de Mérida, el trono de caoba se plantó en el centro de la calle, avanzando, con su clásico rachear que parece que no quisiera despertar a un Cristo cuyos ojos, todavía, contemplan el último rayo de luz, en el momento justo de la muerte.

La Cofradía buscaba un punto mágico en su recorrido, ese Arco de Trajano desde el que la Cruz, en Mérida, se alza erguida, cobrando más si cabe, todo el sentido de su mensaje.

Y más sentido tuvo el gesto de acción de gracias de quien, desde la UCI, se ha debatido entre la vida y la muerte en estos últimos meses. Una ofrenda floral que daba sentido a que, con Él y a través de Él, podemos estar tranquilos, que siempre será lo que Él quiera. La oración, en el Arco de Trajano, se impregnó en las viejas piedras por todos aquellos que nos han dejado.

Así la cosas, el romero de su paso se convirtió en un reguero de sangre de rosas rojas que, aún con vida, se aferraban al suelo del paso como queriendo, a modo de diálisis, volver a su cuerpo y devolverle la vida que llegará el Domingo de Resurrección.

Tras el paso majestuoso un palio que embelesa, que guarda ese sabor y esencia que nunca se debería perder y en el que sobresale el esfuerzo de su cuadrilla de costaleros que, tras un palizón inmerecido la noche anterior, supieron pasear con elegancia a la Virgen del Mayor Dolor.

Y es que, tras ver marcharse, por la rambla, el palio de la Virgen iluminado por sus candelabros de cola, afloran los recuerdos de infancia de parque de una peseta y bocadillo de chocolate, de tardes de atrio y catequesis. Los años pasan, pero la esencia y las estampas quedan marcados en la memoria.

Galería de Imágenes: Luis Gallardo Ruiz.

Videos: Luis Gallardo Ruiz.

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