Saluda el Presidente de la Junta de Cofradías

Uno de mis primeros recuerdos de la infancia, es la expectación y la ilusión con la que, siendo un pequeñajo, esperaba el paso de la Procesión del Viernes Santo, en casa de mis abuelos en la calle San Salvador. Rodeado del resto de mis hermanos y primos aguardábamos con impaciencia el paso de esos nazarenos, que nos parecían enormes, y que acompañaban al Santo Entierro y a la Virgen. A su paso, la algarabía propia de esa edad, se tornaba respetuoso silencio.

Generación tras generación, los emeritenses, herederos de aquella posible primera comunidad cristiana que surgiera en la Hispania romana, han conseguido que cada primavera, la ciudad se transforme para acoger en su calles y plazas, las imágenes que nos acercan el testimonio de amor que Jesús ofreció por nosotros, hace más de dos mil años.

Esa Augusta Emérita que emerge de nuestras raíces, en forma de excepcionales monumentos reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Templos, foros, mansiones, arcos, teatro y anfiteatro, testigos silenciosos de aquella misma época, pero que entre sus muros retienen aún los ecos llegados desde la otra orilla del Mediterráneo.  Entre esos testigos silenciosos, procesionan hoy las imágenes que componen el impresionante conjunto artístico que configura la Semana Santa Emeritense, otorgándole una personalidad propia que la hace única.

Este hecho; el de poder revivir la pasión, muerte y Resurrección de Jesucristo entre edificios similares a los que acogieron esos hechos que hoy conmemoramos, unido al esfuerzo de muchas generaciones de cofrades emeritenses, han hecho que la Semana Santa de Mérida, reciba el reconocimiento de Interés Turístico Internacional. Es pues justo, valorar y agradecer ese esfuerzo silencioso y constante, de quienes nos precedieron en esta tarea de acercar el mensaje de Jesús, a través de esta catequesis plástica que es nuestra Semana Santa, y sin cuyo impulso no podríamos vivir esas experiencias que cada primavera podemos vivir con intensidad, entre los aromas de azahar de nuestras calles y plazas.

Así pues, invito a todos, emeritenses y foráneos, a participar y a sumarse a esta experiencia de fe y de religiosidad popular, con la que el pueblo de Mérida conmemora la pasión, muerte y Resurrección de nuestro Salvador, Jesucristo. Para que, entre todos, sigamos contribuyendo con el esfuerzo realizado por las Cofradías y Hermandades de nuestra ciudad y sepamos hacerla perdurar a lo largo del tiempo, de forma que las próximas generaciones puedan vivir estas tradiciones y experiencias, que son seña de identidad de nuestra ciudad, para ofrecérselas a todos aquellos que nos visitan.

Un sincero y fraternal abrazo.

Luis Miguel González Pérez

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