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Crónica Vía Crucis 2017

Fecha:
15 de Abril de 2017
Redactor:
José Miguel Galán
Fotografías:
Manuel Molina Bolaños
Antonio Moreno Barriga
Paco Rosco Rosco
José Manuel Romero Cerrato

“Dulce lignum, dulce clavos, dulce pondus sustinens.”

Dulce madero, dulces clavos que sostuvieron tan dulce peso.”

 

ESENCIA MISMA DE ESTA CIUDAD.

La madrugada ya se ha echado sobre los cielos de Mérida. Hace rato que el sonido de tambores y cornetas despareció de la ciudad; pero en medio del silencio el sonido sordo de un tambor en la noche rompe la vigilia de algún despistado que pregunta:

– ¿Que es ese ruido que mi sueño rompe?

– Es el sonido de Cristo muerto por los pecados del Hombre.

Mérida rememora el camino de la Cruz hasta el monte Calvario, el camino de Pasión y de Muerte, el camino hacia la Luz de la Resurrección y la Vida.

En el discurrir de la Estación de Penitencia hacia al imponente e impresionante Anfiteatro Romano, rincones y monumentos de siglos atrás contemplan el paso del Cristo de la O, sin dudarlo, esta madrugada de Viernes Santo encierra en cada detalle la esencia misma de esta ciudad, sus raíces más profundas que se entierran en la inmensidad de los siglos y con ellas, las raíces mismas de la cristiandad de toda la antigua Iberia.

Via Crucis 2017
Fotografía: José Manuel Romero Cerrato

Los nazarenos que realizan la Estación de Penitencia, deben pisar la arena en la que se mezcla la tierra con la que los más próximos antepasados labraron la tierra con sudor y lágrimas, con la sangre de aquellos primeros cristianos que defendieron su fe en Jesús Resucitado ante las autoridades del Imperio Romano.

Y comienza la oración, y las rodillas se doblan ante la Cruz que sostiene el cuerpo bendito de Jesús.

“Dulce lignum, dulce clavos, dulce pondus sustinens.”

“Dulce madero, dulces clavos que sostuvieron tan dulce peso.”

Y es momento de hacer examen de todas las conciencias, de reflexionar sobre el camino que marca Jesús, un camino de amor al prójimo, de entrega y de bien; de perdón y de compasión por el sufrimiento ajeno.

Creyentes y no tan creyentes, acuden quizá a la llamada de un momento único en el mundo: pero ante la visión del Cristo de la O entre el fuego y la arena, ante la escucha de las palabras del rezo y los cantos, algo se mueve dentro: podemos hablar de fe en Cristo, pero también podemos hablar de la fibra más íntima en el fondo de casa corazón: nadie puede negar indiferencia, nadie puede negar que después, al regreso, es más fácil ser mejor persona.

Via Crucis 2017
Fotografía: Manuel Molina Bolaños

¿No es acaso eso lo que Jesús nos demanda?

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”

Es momento, una vez concluido el Vía Crucis, de tomar el camino de vuelta a la Concatedral, donde centenares de fieles besarán los pies heridos e inertes del Nazareno, muerto ahora en la Cruz, en desagravio quizá del beso traidor con el que le prendieron en el Huerto de los Olivos.

Y se va quedando solo y las luces de la Concatedral una a una se van apagando. Y cuando el último de sus cofrades cierra la puerta del Templo, en su corazón parece escuchar un susurro que le dice: “La oscuridad solo es la luz que no ves”.

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