Llovió sobre los cristales del Sepulcro

CRONICA SANTO ENTIERRO 2018
Fecha:
30 de Marzo de 2018
Redactor:
José Miguel Galán
Fotografías:
Paco Rosco Rosco
Antonio Moreno Barriga
José Manuel Romero Cerrato

“Descansa Hijo, tu Padre te espera a su diestra, y has de acudir lleno de Luz y Vida: ¡Resucitado!”

 

Como una familia, como los verdaderos amigos, así ha compartido esta inclemente tarde de Viernes Santo la ciudad de Mérida con su más antigua y popular Cofradía: la del Calvario, la de “los moraos”. Y es que es en los momentos difíciles cuando se necesita ese hombro amigo, esa palmada en la espalda que reconforta y oxigena el alma.

Este Viernes Santo, el cielo de Mérida contenía sus lágrimas como podía ante la presencia del Redentor Yacente en su urna plateada, pero no pudo más y, llegado ese momento, llovió sobre los cristales del Sepulcro que contenía el cuerpo inerte del Buen Pastor, que había dado la vida por sus ovejas.

Viernes Santo 2018 – Santo Entierro Fotografía: Francisco Rosco Rosco

El llanto de todo Mérida, se reflejaba en los ojos de la Virgen de los Dolores: María estaba tranquila, contenida, sufriendo el dolor inmenso que traspasaba su alma como siete puñales.

El pueblo de Mérida y todas sus Cofradías, representadas numerosamente en el cortejo procesional, arroparon entonces a la Hermandad del Calvario para llevarla en volandas hasta su refugio en este frío y triste Viernes Santo, divino refugio aquél que fue durante décadas su propia.

 

Viernes Santo 2018 – Santo Entierro Fotografía: Antonio Moreno Barriga

Y entonces se abrieron las puertas de la Concatedral de Santa María, heredera de la Catedral visigoda de “Santa María de Jerusalén”, y la Cofradía Infantil abrió su propio corazón para acoger entre sus propios titulares a los de sus hermanos morados; y se fundieron llantos, y abrazos, y los presentes pudieron sentir como en el aire se respiraba aquello que nos mandó Jesús como el primer mandamiento: “Amaos unos a otros, como yo os he amado”.

Cuando por fin el templo queda en silencio, en la intimidad de la penumbra, la Stma. Virgen de los Dolores mira por última vez el cuerpo muerto de su Hijo y suspira pensando: “Descansa Hijo, tu Padre te espera a su diestra, y has de acudir lleno de Luz y Vida: ¡Resucitado!”

 

 

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