Crónica Santo Entierro 2017

Fecha:
14 de Abril de 2017
Redactor:
Mario Hernández Maquirriaín
Fotografías:
José Luis Garrido
Antonio Moreno Barriga
José Manuel Romero Cerrato

“Silencio de respeto y duelo, de consuelo y esperanza… pero silencio al fin y al cabo.“

EL BARRIO EN EL QUE MUERE CRISTO

El barrio sabe muy bien cuando muere Cristo. Lo sabe y se prepara para ello adquiriendo, en el Viernes Santo, la imagen de las grandes solemnidades. En el Viernes Santo El Barrio viste su Calle Calvario de luto y recibe, es de primeras horas de la tarde, la llegada de las representaciones y autoridades que, desde la ermita, asistirán al entierro de Cristo.

Cristo muere cada año en el Calvario y por eso, El Barrio, sabe guardar silencio. Silencio de respeto y duelo, de consuelo y esperanza… pero silencio al fin y al cabo. Así, la tarde del Viernes Santo, retrocedemos en el tiempo a aquellos maravillosos años en que Mérida era una ciudad que sabia guardar silencio. Aquella Mérida ajena a los bullicios, la Mérida de ayer que tanto añoramos y que, conforme pasan los años, se nos escapa de las manos.

Santo Entierro 2017
Fotografía: Jose Luis Garrido

Y la recuperamos el Viernes Santo cuando, a eso de las seis de la tarde, se coloca la tribuna improvisada del Hogar de pensionistas, o cuando las señoras de moño alto y peina baja sacan sus sillas de enea a las puertas de sus casas. Es el gran día de El Barrio, del Barrio del Calvario.

Y entre esa Mérida que se nos fue, con puntualidad británica, comienza a avanzar la Cruz de Guía seguida de los nazarenos de “los moraos” que escoltan el renovado paso del Yacente. Un paso en madera, color caoba, sobre el que descansa la espectacular urna de plata de la prestigiosa Casa Meneses en cuyo interior avanza Cristo muerto. Estampas de hoy y de siempre, que no se borran de la retina.

Tras el Yacente, el tapiz multicolor conformado con las representaciones de las hermandades que, con sus respectivos hábitos, rompen el morado de la tarde. Cuando avanza el cortejo, suena la música. Son las bambalinas del palio de la Señora de Mérida que se abre paso entre la multitud porque la Señora no quiere perder de vista a su hijo. Así, magistralmente llevada, avanza ante la mirada atónita de cuantos la contemplan. Tras ella, la Corporación Municipal y demás autoridades que, un año más, rubrican la procesión.

Santo Entierro 2017
Fotografía: Antonio Moreno Barriga

Pero no solo retrocedemos en el tiempo en la calle Calvario. La Plaza de España adquiere un matiz especial cada Viernes Santo. La llegada del Yacente provoca el silencio de cientos de personas que lo esperan en Carrera Oficial mientras que el palio de la Señora levanta suspiros hasta el punto de que, parece, busca la Concatedral, que fuera su casa, como queriendo volver a ver a su hijo montado en la burrita.

Finalmente avanza por San Salvador y, de nuevo, al Calvario, a esperar en silencio mirando el rostro de su hijo amado y  encerrándose en sus dolores en la negra noche emeritense. Porque ella no es de centro, ni de barrio. Ella es la madre de todos que, cada Viernes Santo, pasea sus Dolores por las calles de la ciudad que la venera como reina de todas sus casas.

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