Crónica Martes Santo (Humildad) 2016

Fecha:
22 de Marzo de 2016
Redactor:
Paco Vadillo Solís
Fotografías:
Manuel Molina Bolaños
José Luis Garrido
Antonio Moreno Barriga
“La virgen de las Lágrimas dice adiós a su barrio, pero sólo por unas horas. Porque será pasada la media noche cuando regrese a San Juan, sabedora que cientos de vecinos la esperan para vivir emocionados su encuentro con Jesús de la Humildad. ”

HUMILDAD POR LAS CALLES DE MÉRIDA

El sol intenta hacerse un hueco entre las nubes que cubren la capital extremeña. Pero en uno de los puntos más altos de la ciudad, en el cerro que ocupa el populoso barrio de San Juan, son cientos los emeritenses que se agolpan en sus calles para ver bajar, por sus angostas calles, a la cofradía de la barriada. Sí, es una hermandad de barriada, que vive apasionada cada Martes Santo en Mérida, y que aguarda ese sol ansiado de la Semana Santa para ver brillar más que nunca a sus dos imágenes titulares.

Con la puntualidad que les caracteriza, a las siete de la tarde, la recién estrenada Cruz de Guía de la cofradía llega a las puertas de la Casa Hermandad, donde los vecinos anhelan cada año compartir el fervor por Jesús de la Humildad y María Santísima de las Lágrimas con el resto de la ciudad. Y ese fervor se contagia desde el primer minuto en el que los costaleros de la virgen realizan un pasillo al primero de los pasos que se pone en la calle. La Humildad se hace presente en Mérida a través de un cristo que agarrado a la cruz muestra una mano tendida a todos y cada uno de sus vecinos. Las 55 mujeres que portan el paso son esa mano extendida que lucha contra la pobreza, bajeza, ruindad, envilecimiento, indigencia o desamparo. Dirigidas con sobriedad por Manuel Mancera, Teresa Muriel y Benito Mejuto comienzan su discurrir por las calles de Mérida que durante más de seis horas les llevará a recorrer monumentos emblemáticos de la ciudad como el hornito de Santa Eulalia o el Templo de Diana. Jesús de la Humildad pasea por las calles de la capital extremeña luciendo una túnica blanca, con bordados dorados. Túnica que deja vislumbrar los pies doloridos y heridos de un cristo que echa la mano sobre cada uno de nosotros.

Fotografía: Manuel Molina Bolaños

Y tras la Humildad, la barriada de San Juan espera a la reina del barrio. A quien durante lustros han venerado en silencio sólo por las calles de la zona y a quien comparten ahora con el resto de emeritenses. María Santísima de las Lágrimas luce un tocado dorado que exalta aún más sus marcadas facciones. A los sones de la recién estrenada banda de La Paz, comienza a recorrer las calles de la ciudad empapada en lágrimas. Sus 28 costaleros llevan con sufrimiento e ímpetu el peso de su virgen, a quien le dedican vítores durante el recorrido y quien tiene un momento de oración frente a la concatedral de Santa María que sobrecoje a todos los presentes.

Fotografía: José Luis Garrido

La virgen de las Lágrimas dice adiós a su barrio, pero sólo por unas horas. Porque será pasada la media noche cuando regrese a San Juan, sabedora que cientos de vecinos la esperan para vivir emocionados su encuentro con Jesús de la Humildad. Un encuentro en el que los cofrades de esta hermandad expresan el amor y devoción por sus titulares como nadie. Gran esfuerzo el que realizan cada una de las dos cuadrillas, agotados, tras una intensa estación de penitencia que les ha llevado al centro de Mérida. El regreso con los aplausos de sus vecinos es un premio al trabajo bien hecho. Una hermandad que sigue en continuo crecimiento, con varios proyectos sobre la mesa y que es capaz, desde la humildad de su barrio, de desprender pasión por cada uno de los varales o costeros de sus pasos.

La Humildad y Las Lágrimas regresan, pero esta hermandad se vive los 365 días del año con la misma pasión que el Martes Santo.

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