Tarde color pastel

CRÓNICA MARTES SANTO 2019
CALVARIO
Fecha:
16 de abril de 2019
Redactor:
Mario Hernández Maquirriaín
Fotografías:
Antonio Moreno Barriga
Marcos Antonio Sánchez Nova
Manuel Molina Bolaños

“Pero estamos en el Calvario, esencia cofrade, alfa y omega de la Pasión. Olor a incienso, músicos que suben hasta el cerro desde donde, el faro que ilumina a los vecinos de El Barrio, espera, impaciente en su paso de palio“

Subir la calle Calvario un Martes Santo es cumplir con una de las más entrañables tradiciones de la Semana Santa de Mérida. Es hacer  una inmersión en la historia de la ciudad, en la de aquella Mérida en la que, por más que pasen los años, se guardan esas fachadas que son esencia de nuestro pasado y que, en Semana Santa, cobra todo su esplendor.

Sillas bajas de enea en la puerta. Abuelos, con sus nietos, en cuyos ojos las lágrimas están a punto de estallar recordando a los que no están, por aquellos “de toda la vida” viendo procesiones en esa calle que tiene nombre de Semana Santa, el nombre de la Semana Santa de Mérida.

Tal es así que la Ermita del Calvario se convierte en el epicentro de todas las devociones mientras, desde el otro barrio, desde San Juan, los cofrades de las Lágrimas regalan a los emeritenses  la bella imagen de María Santísima con la condición de que, al llegar la madrugada, la Virgen regrese junto a ellos.

Pero estamos en el Calvario. Esencia cofrade, Alfa y Omega de la Pasión. Olor a incienso, clavel, rosas, cera, azahar y romero. Músicos que suben hasta el cerro desde donde el faro que ilumina a los vecinos de El Barrio espera, impaciente, en su paso de palio.

Martes Santo 2019. Calvario
Fotografía: Antonio Moreno Barriga

Es la Amargura un corazón que late desde el Calvario. Es la Amargura la fuerza arrebatadora que, con rosas en tonos pastel, sale a bendecir a Mérida mecida con mimo por sus costaleros con la banda sinfónica de Pozoblanco. Es la Amargura quien arranca las lágrimas de emoción, los recuerdos, las oraciones, las promesas. Es la Amargura la que arrebata, a este humilde cronista, el sentimiento paternal de que, al menos, algo de él está con Ella.

El Calvario es ese frondoso huerto de los olivos donde un hebreo, moreno, mira al cielo buscando que le aparten el Cáliz. Con un exorno floral diferente, las flores de diversos colores contrastan con el mantolín del Señor. Avanza lento, pausado, buscando mostrarnos ese Cáliz para que lo tomemos con Él, entre aromas de azahar.

Así, llega a la Plaza de España levantando pasiones con la Agrupación Musical Jesús Nazareno, de Jerez de los Caballeros, que agradece la cuadrilla que, con dulzura, lo mece y presenta a la concatedral de Santa María donde, los hermanos pequeños de esta cofradía, la Real Hermandad y Cofradía Infantil, le esperan con el palio de Nuestra Señora del Rosario, bajo el dintel, completamente iluminado.  El cimbreo del olivo nos muestra la incertidumbre de Jesús que, finalmente, acaba aceptando el cáliz en la Ermita del Calvario.

Martes Santo 2019. Calvario
Fotografía: Manuel Molina Bolaños

Mientras, el paso de la Flagelación se viene arriba. Sí, arriba, el mejor Paso de la noche con una cuadrilla que desparramó sentimiento costalero por las calles de Mérida, mostrando el trabajo bien hecho. Elegancia de un paso de Misterio que va ganando con los años enmarcado en esos soberbios guardabrisas y con la elegancia que le dan los claveles rodeando el suelo marmoleo donde Cristo padece por nuestros pecados.

A cada paso, nos va lanzando un mensaje nuevo,  por boca de esos hombres que, cada uno con su motivo, absortos en sus pensamientos y en sus oraciones, hacen el esfuerzo de cargarlo durante todo el recorrido, lo mismo que Él cargó con el peso de nuestros pecados para redimirnos.  Cada azote de Jesús es una carta del banco que reclama el impago de la hipoteca, la puerta que se cierra, la oferta de trabajo que no llega, el no llegar a fin de mes, las medicinas de los niños, las lágrimas de desesperación ante la impotencia de no poder hacer más por los que más amas, sabiendo siempre que en  Él, que todo lo puede, está la esperanza.

Martes Santo 2019. Calvario
Fotografía: Antonio Moreno Barriga

La Banda de Cornetas y Tambores Rosario y Victoria de Sevilla, perfectamente compenetrada con la cuadrilla y aumentando la calidad musical del Martes Santo emeritense, hace más llevadera la carga y la oración y la música se funden en un todo que se enmarca bajo el Arco de Trajano, ya de regreso a casa.

Y tras la música, el silencio roto por el rachear de los costaleros de Jesús Nazareno.  Solemnidad y elegancia, Dios tranquilo y sereno. Contemplar la  morenéz de su rostro, cabizbajo, solemne, nos traslada al camino del Calvario mientras va avanzando sobre un monte de claveles rojos, marcando el silencio en las calles que, a su paso, se resisten a dejarlo marchar.

Ya en la madrugada, a lo lejos, lo contemplamos subiendo lentamente hasta el cerro del Calvario desde donde, en la madrugada del Viernes, será Crucificado y descendido de la cruz. Cuando el reloj ya ha avanzado en la Madrugada del Miércoles,  el Martes Santo llega a su fin a los sones de Mi Amargura, que es la de todos.

Ella es la luz que queda tras el silencio. Ella es la mirada que todos buscaremos. Ella es el faro de un Barrio que la quiere, la venera y la siente suya. Tan suya, que le dio permiso para que se engrandeciera ante el Templo de Diana dejando, a su paso, aromas de Martes Santo.

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