Silencio, Soledad y Esperanza

CRÓNICA MADRUGADA JUEVES SANTO 2018
Fecha:
30 de marzo de 2018
Redactor:
Luis Miguel González Pérez
Fotografías:
Manuel Molina Bolaños

“Desde lo alto del cerro del Calvario, el sonido de la campana de su antigua Ermita, nos anuncia que el Santísimo Cristo del Calvario va a iniciar su caminar, y numerosos fieles responden a esa llamada y  se congregan a su alrededor para acompañarlo.“

La noche envuelve en su silencio a Mérida y desde lo alto del cerro del Calvario, la luna llena, que apenas puede abrirse paso entre las oscuras nubes que amenazan lluvia, nos anuncia que todo está cumplido.

Los restos del “castelum aquae” se tiñen de rojo como reflejo de la sangre de Cristo y desde el interior de la Ermita emerge la imagen del Santísimo Cristo del Calvario. El Sacerdote proclama un fragmento del Evangelio de San Lucas:

“Jesús gritó muy fuerte: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Y dicho esto, expiro.”

En ese mismo momento, una ráfaga de viento apaga las llamas de los ciriales que rodean la imagen de Cristo, y los numerosos fieles que le acompañan en esta madrugada del Jueves al Viernes Santo, realizan voto de silencio. Silencio únicamente roto por el rachear de los pies de los costaleros sobre el duro asfalto y por el triste tañido de una campana, que va indicando el camino del cortejo.

Madrugada del Jueves al Viernes Santo 2018. Descendimiento. Hermandad del Calvario
Fotografía: Manuel Molina Bolaños

La Cruz de Guía avanza por la calle Augusto, y gira para dirigirse a la Iglesia de Cristo Rey. Nadie quiere romper ese silencio, los capataces dirigen a los costaleros casi con susurros, y de esa forma consiguen salvar los obstáculos que en su camino encuentran. Al llegar ante las puertas del Templo de Cristo Rey, la comitiva se detiene para acceder a su interior, y postrándose ante Jesús Sacramentado, orar y dejarse llevar por las voces de la Capilla Gregoriana del Santísimo Cristo del Calvario, que interpretan el “Pange Lingua” mozárabe.

Tras este momento de oración, se reanuda el lento caminar por las calles del Barrio, llegando a la plaza de Luis Chamizo, en la que sus palmeras, mecidas por el viento, parece como que quisieran inclinarse también ante Cristo. En este punto, la amenaza de lluvia obliga a acortar el recorrido de esta Estación de Penitencia, y rodeando la plaza, la Cruz de Guía se abre camino hacia la calle Muza.

La oscuridad, solo rota por el tenue reflejo de la luna sobre las blancas capas de los nazarenos, envuelve a quienes acompañan al Cristo del Calvario, y su luz provoca un hermoso juego de sombras sobre las fachadas de las casas de este rincón de la ciudad, humilde y profundamente cofrade.

Madrugada del Jueves al Viernes Santo 2018. Descendimiento. Hermandad del Calvario
Fotografía: Manuel Molina Bolaños

El tañido de la campana nos acompaña, y tras él, los costaleros continúan prestando sus pies para hacer avanzar a Cristo, de regreso a su Ermita. Allí le espera su Madre, nuestra Madre, vestida de negro de Amargura. Impresiona verla tan cercana, tan sola, tan tremendamente triste.

Se inicia el descendimiento. Nuevos discípulos de José de Arimatea rodean la Cruz,

¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!

Lentamente y con profunda emoción comienzan a retirarle la corona de espinas. Poco a poco van retirando los clavos que amarraron a Cristo al madero, sujetando sus brazos, y sosteniendo su cuerpo, con manos temblorosas y corazones estremecidos, y así se lo entregan a otros discípulos que lo depositan en su sepulcro, y lo cubren con su sudario. Mientras, las voces de la Capilla Gregoriana entonan el “Media Vita” mozárabe.

Del cielo comienza a caer una leve lluvia, como lagrimas que caen sobre los allí congregados, pero nadie se mueve. En silencio esperan hasta que la urna que contiene la imagen de Cristo yaciente, es conducida hasta la Ermita. La campana deja de sonar, y parece como que todo hubiera concluido.

Los fieles que han acompañado al Santísimo Cristo del Calvario, inician el regreso a sus casas, reflexionando sobre la grandeza de su entrega, y con la esperanza de que esta entrega tenga sentido. Esperanza que se convertirá en Salvación.

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