Crónica Jueves Santo 2016

Fecha:
24 de marzo de 2016
Redactor:
Mario Hernández Maquirriaín
Fotografías:
José Luis Garrido
Francisco Rosco Rosco
Manuel Molina Bolaños
“El Jueves Santo tiene aromas de barrio y juventud. De veteranía y solera. De canela y clavo. El Jueves Santo deja en el ambiente un poso de nostalgia porque el tiempo ya no se detiene y todo está abocado a un inminente final.”

JUEVES DE OLIVO, CAOBA Y PLATA

El Jueves Santo tiene olor a olivo y caoba y la luz de la plata que se desprende del nuevo respiradero del Paso de Nuestra Señora de la Paz que, a media tarde, lanza el mensaje más bonito y hermoso de toda la Semana Santa para estos tiempos que vivimos.

El Jueves Santo tiene aromas de barrio y juventud. De veteranía y solera. De canela y clavo. El Jueves Santo deja en el ambiente un poso de nostalgia porque el tiempo ya no se detiene y todo está abocado a un inminente final.

Disfrutar de un Jueves Santo en Mérida es hacer visitas matinales a las barriadas, departir con su gente, escuchar recuerdos y anécdotas (algunas entre lágrimas). Un Jueves Santo en el que el único que mira al cielo es el Santísimo Cristo de la Vera Cruz que va dejando su último aliento en la Barriada de La Antigua, esperando ver los ojos verdes de su Madre de Nazaret en algún reflejo. El Cristo de la Vera Cruz camina a pasito racheao, pero con vigor y energía. En su canasta de plata y caoba, nos ofrece el abrazo de amor fraterno y nos regala a su Madre de Nazaret. ¿A quién si no? Nazaret nos trae una originalísima candelería en tonos rosa, homenaje al gran Fernando González que, año tras año, es más recordado. Avanza la reina de la Antigua buscando llenar de luz con sus ojos el corazón de Mérida, entre el silencio de sus nazarenos, su divina elegancia y un acompañamiento musical exquisito.

Fotografía: Francisco Rosco Rosco

Si la Virgen de la Paz ya dio luz a la tarde, también da vida a su barrio. Aquel que se fue y regresa cada Jueves Santo para jalearla, llevarla al centro y traerla de vuelta. A la Virgen de la Paz le gustan los piropos, pero no los besos traicioneros como el que, en el paso de Cristo, Judas da a su hijo. Soberbio grupo escultórico de nuestro paisano Juan de Ávalos que luce impresionante tras la restauración del Cristo llevada a cabo hace unas semanas. La paz es mucha Paz. Es una de esas cofradías que te dejan la miel en los labios.

La Paz se planta en Mérida para buscar el Templo de Diana donde, aprovechando el espacio monumental, realiza un encuentro con sus titulares entre lágrimas de emoción. La buena gente de La Paz sabe lo que es regresar a su barrio en soledad, solo con la compañía de sus vecinos. Por ello, dando una vuelta de tuerca más, pasan bajo el acueducto que, iluminado, ofrece la subida más bella para el final de la Estación donde, entre palmas, los pasos se mecen y procesionan juntos porque, la Virgen de la Paz, la gitana guapa, no quiere perder de vista a su hijo ni, sobre todo, al Judas que lo acompaña.

Fotografía: Manuel Molina Bolaños

La caoba se hace templo en Santa Eulalia con la dulcísima muerte del Santísimo Cristo de los Remedios. Trono divino para un Cristo que vino a salvarnos. Trono en caoba para el que dio vista a los ciegos, curó enfermos y anduvo sobre el agua. Elegancia supina en el exorno floral a la muerte de Cristo.  Poquito a poco, va ganando metros por la Rambla para buscar la Concatedral y abrir, en ese punto, la carrera oficial del Jueves Santo.

Tras él, la Virgen del Mayor Dolor avanza pausada y solemne. Exquisitamente vestida y con un exorno alejado de la ostentación de otros años, deja entrever la riquísima orfebrería del que, sin duda, es el paso de palio más completo de la Semana Santa de Mérida. Una vez se recoja, se despedirá en el Hornito de Santa Eulalia.

Fotografía: José Luís Garrido

El punto… y seguido del Jueves Santo tiene color de Esperanza. Verde Esperanza bajo verde palio y blancas rosas que, tras el barco del Descendimiento, avanza entre el silencio de sus costaleros. Los Ferroviarios, sombra y luz de la noche, vuelven a sobrecoger al poner en la calle el Misterio del Descendimiento de Nuestro Señor. El paso más grande de la Semana Santa de Mérida que discurre cadencioso y solemne por las calles de Mérida con unos elegantes centros de rosas roas que llamaban poderosamente la atención. El descendimiento es el principio del fin, del todo comienza a irse para dejar paso a la madrugada que, luminosa en los barrios, se torna oscura en el resto de la ciudad.

La Esperanza, cierre luminoso del día, dormirá pocas horas para, con la Virgen de las Angustias, iniciar el recorrido más monumental de la Semana Santa pero eso ya… es harina de otro costal.

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