Crónica Domingo de Ramos 2016 (Sagrada Cena)

Fecha:
20 de Marzo de 2016
Redactor:
Luis Miguel González Pérez
Fotografías:
José Luis Garrido
Antonio José Moreno Barriga
Marco Antonio Sánchez Nova
Paco Rosco
Manuel Molina Bolaños
“A las cinco de la tarde, los alrededores de la Parroquia de San José eran un hervidero de cofrades, nazarenos de todas la edades, costaleros y costaleras, damas de mantilla, músicos, que miraban al cielo, esperando que desde allí surgiera la señal que todos esperaban para comenzar la procesión, y es que el cielo en esta tarde de Domingo de Ramos, quería ser también protagonista de esta Estación de Penitencia.”

NOCHE DE MOMENTOS HISTÓRICOS

A las cinco de la tarde, los alrededores de la Parroquia de San José eran un hervidero de cofrades, nazarenos de todas la edades, costaleros y costaleras, damas de mantilla, músicos, que miraban al cielo, esperando que desde allí surgiera la señal que todos esperaban para comenzar la procesión, y es que el cielo en esta tarde de Domingo de Ramos, quería ser también protagonista de esta Estación de Penitencia.

Después de una gran tormenta, y cuando aún caía una ligera lluvia, toda la Cofradía se recogía en su recién remozado Templo, para orar juntos, bendecir el Pan de la Santa Cena, y encomendarse al Señor, rogándole que les permitiera cumplir con su deseo, en esta tarde que tenía un especial significado para la nueva Junta Rectora y para su nuevo Hermano Mayor. Y el cielo se hizo eco de estas peticiones, y las nubes dieron tímidamente paso al sol, y con él toda la Cofradía se puso en marcha para salir a iniciar su caminar.

Fotografía: Antonio Moreno Barriga

El Diputado Mayor de Gobierno y el fundador de la Cofradía se colocaban junto a la puerta de la Casa de Hermandad, solicitando la “venia” para dar comienzo a la Estación de Penitencia, y al momento la puerta se abría y tras ella aparecía la Cruz de Guía que abriría el cortejo, tras la cual iban formando los pequeños Cofrades, deseosos de comenzar a repartir caramelos, y tras ellos el imponente conjunto escultórico de la Sagrada Cena.

Una primera “levantá” en recuerdo de un gran cofrade que se nos fue este año: D. Ángel Fernández Chacón. Tras ella, el esfuerzo de los costaleros va poniendo en paso en la calle, y un rostro surge desafiante de entre las imágenes de la Sagrada Cena, es Judas, que en sus manos tiene ya la bolsa con las monedas por las que entregará más tarde a Jesús. El rostro de Judas, a quien el autor de estas imágenes: Juan Antonio Blanco Ramos, prestó la suya propia, refleja la traición que está a punto de cometer. Santiago, sentado junto a él, parece cuestionarle su comportamiento. Y al otro lado de la mesa, surge la imagen de Jesús, que sostiene en sus manos el pan de esa Sagrada Cena, de esa primera Eucaristía, rodeado de todos sus discípulos.

Tras el paso de la Sagrada Cena, camina la imagen de Nuestra Señora del Patrocinio, portada sólo por costaleras. Del hermoso rostro de Nuestra Señora del Patrocinio, destacan sus ojos. Ojos cargados de sufrimiento, enrojecidos, de los que aún no surgen lágrimas, pero que reflejan el íntimo dolor de una madre, que intuye el sufrimiento que le espera a su Hijo. Sosteniendo entre sus manos un pañuelo, con el que enjugar esas mismas lagrimas que aún están por brotar. Y de esas manos también penden unos rosarios, que se mecen al compás del paso que imprimen sus costaleras.

La Cofradía está en la calle, y lentamente va realizando su Estación de Penitencia, caminando entre los restos de edificios que fueron construidos en el mismo momento en que, al otro lado del Mediterráneo, en Judea, tenían lugar los hechos que estamos recordando.

Especialmente hermosa es la llegada a la Puerta de la Villa, bajando la fuerte pendiente de la calle José Ramón Mélida. En este descenso, las cuadrillas de portadores y portadoras realizan un tremendo esfuerzo. Ellos van muy lentamente, tan lentamente que a veces pareciera que incluso retrocedieran, y ellas realizando todo el descenso “del tirón”, sin descansar. Los músicos que las acompañan, dejan por momento sus instrumentos, para acompañarlas solo con sus voces.

Fotografía: Marco Antonio Sánchez Nova

El cortejo procesional, llega a la Concatedral de Santa María. Ambos pasos hacen su presentación ante ella, pero cuando el paso de Nuestra Señora del Patrocinio se sitúa ante la Concatedral, el cielo vuelve a reclamar su protagonismo, y la lluvia hace acto de aparición, simulando aquellas lágrimas que aún no afloraban en el rostro de la Virgen del Patrocinio. La Estación de Penitencia debe suspenderse por la lluvia, y sin pensarlo, los hermanos de la Cofradía Infantil, abren hueco en el interior de la Concatedral para dar cobijo a Ntra. Sra. del Patrocinio, sus portadoras rompen a llorar de emoción desde el interior del paso, y los hermanos de la Infantil, tratan de consolarlas. Una frase se repite entre todos ellos: “estáis en casa”. Tras Ntra. Sra. del Patrocinio, entra aprisa en la Concatedral la Cofradía Infantil, con el paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén, que también ha tenido que recortar su Estación de Penitencia. Y nada más terminar la entrada de la Cofradía Infantil en su Templo, el paso de la Sagrada Cena también viene a recogerse en la Concatedral. Sus portadores realizan un gran esfuerzo para sortear las puertas, y una vez en su interior recoger una gran ovación, reflejo de la gran emoción que todos los que tuvimos la oportunidad de vivir este acontecimiento sentíamos.

El cielo quiso que por una noche, compartieran hospedaje las imágenes de ambas Cofradías: Ntra. Sra. del Patrocinio y Ntra. Sra. del Rosario; Jesús y todos sus discípulos en la Sagrada Cena, con Jesús en la borriquita, Ntro. Padre Jesús de Medinaceli y el Santísimo Cristo de las Injurias. Y por unos instantes, ambas Cofradías compartieron algo más que un mismo techo. El cielo lo quiso así, y el pañuelo de Ntra. Sra. del Patrocinio, enjugo las lágrimas que la emoción hizo brotar de los ojos de sus hijos.

 

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