La esencia cofrade

CRONICA MADRUGADA JUEVES SANTO, DESCENDIMIENTO CRISTO CALVARIO 2019
Fecha:
19 de abril de 2019
Redactor:
José Miguel Galán
Fotografías:
Manuel Molina Bolaños

“Silencio absoluto, roto solamente por el Canto Gregoriano “Crux fidelis”: ¡O cruz fiel, árbol único en nobleza!»

El cielo, que durante toda la tarde había estado jugando con la Esperanza de muchos cofrades de poder realizar su estación de penitencia, no estaba dispuesto a dar tregua a la centenaria Hermandad de “Los Moraos”.

La noche estaba desapacible, pero aun así, hermanos de luz y costaleros había acudido a la hora convenida a la Ermita del Calvario, fieles a su cita con el Santo Cristo, muerto en la Cruz.

Y la última palabra sobre lo que sucedería a continuación era del Hermano Mayor y no iba a equivocarse, arropado por toda su Junta de Gobierno, conocedores todos de su responsabilidad en el cuidado del Patrimonio heredado, que es la garantía del futuro de la Hermandad, adoptaron la más sabia de las decisiones: renunciar con todo el dolor del alma a procesionar por las calles de la vieja Emérita acompañando al Stmo. Cristo del Calvario, pero aferrarse a la verdadera esencia cofrade de la Madrugada del Jueves Santo.

Todos los Hermanos Cofrades y fieles cristianos devotos del Cristo del Calvario fueron convocados a la una y media de la madrugada en su Templo parroquial. Allí, como cada año, y año tras año, la Hermandad habría de realizar su Solemne Acto de Adoración al Santísimo Sacramento, orando ante el Sagrado Monumento.

Una oración sencilla, profunda, sincera y concluida por el canto Mozárabe del Himno “Pange lingua” que la Capilla Gregoriana que porta durante todo el año el Santo nombre de Cristo del Calvario, interpretó desde el más absoluto respeto al silencio que, aun sin juramento, reinaba en el trasiego de personas desde la Ermita del Calvario hasta la Parroquia.

Madrugada del Jueves Santo 2019. Descendimiento Cristo del Calvario
Fotografía: Manjuel Molina Bolaños

Todos adoraron a Cristo hecho pan y hecho vino, pero con el anhelo y la desazón de saberse en la obligación de dar reposo a cuerpo del Dios Vivo, muerto y crucificado por sus pecados. Y las dos de la madrugada era la hora prevista y así se hizo.

Las “andas” de madera que, como una cuna, están llamadas a acoger en su seno el cuerpo yacente del Stmo. Cristo del Calvario ya estaban preparadas delante de la Cruz donde pendía su cuerpo, ahora inerte. Un año más, “Los Moraos” realizaban juramento de silencio para proceder a descolgar al Salvador.

Este año, la más antigua de las Hermandades de Mérida, contaba veinticinco años desde que se restaurara este acto íntimo y recogido del Descendimiento del Stmo. Cristo del Calvario en su Ermita. Varios de sus últimos Hermanos Mayores y Mayordomos estaban preparados ante la talla imponente del siglo XVII, realizada a tamaño y peso real para proceder a desclavarlo y llevarlo de forma delicada, pausada, a la urna de plata en la que reposará “hasta el tercer día”.

Silencio absoluto, roto solamente por el Canto Gregoriano “Crux fidelis”: ¡O cruz fiel, árbol único en nobleza!”, mientras todos los fieles intentaban grabar en sus retinas este momento que se les ofrecía a muchos de ellos como único, y es el de presenciar el Descendimiento de la Cruz del mismo Cristo. En la penumbra de la noche, nadie se atrevería a asegurar que no fuera el mismo cuerpo del Señor el que estaban pudiendo ver cómo se derrumbaba, cual recién nacido en el seno de su madre, para reposar finalmente en su Urna mortuoria.

El acto terminó, y el alma encogida de todos los presentes solo deseaba descansar e intentar asimilar todo lo vivido.

¿Hubo procesión? No, pero la Hermandad del Calvario en la Madrugada del año 2019 cumplió su cometido y, ante el Santísimo Sacramento y en la Cruz ahora vacía vivió, sintió y celebró la auténtica “esencia cofrade”.

Galería Fotográfica:

Facebooktwitterlinkedinmail
error: Contenido protegido. Junta de Cofradías. Semana Santa de Mérida